viernes, 24 de julio de 2009

Program de Gobierno Intro

Hermógenes Pérez de Arce


PROGRAMA DE GOBIERNO
(EL VERDADERO CAMBIO)

Editorial Maye


EL VERDADERO CAMBIO

No soy candidato ni quiero serlo, pero deseo presentar un conjunto de propuestas para el verdadero cambio que el país necesita.
Los chilenos, como promedio, estamos mejor que nunca en el pasado.
Pero hay compatriotas viviendo todavía en la pobreza. Son entre el 14 y el 29 por ciento, según la canasta de consumos que se utilice para medirla.
Hay también una mayoría insatisfecha con la educación y la salud públicas, que progresan poco, pese a la creciente cantidad de fondos que les destina el Estado.
También preocupan el aumento de la delincuencia, el deterioro de la familia y el debilitamiento de la unidad nacional, a raíz de amenazas separatistas indígenas.
Pues bien, este Programa de Gobierno sostiene que, sin mayores recursos públicos que los actuales, esos problemas pueden tener solución.
Para alcanzarla es preciso que el poder de administrar los recursos del Estado vuelva a sus titulares originarios, que somos todos y cada uno de los chilenos.
Hoy lo maneja una verdadera oligarquía partidista, blindada por un sistema electoral hecho a su medida, que la mantiene en el poder.
El primer cambio, entonces, debe ser abrir el régimen electoral a una verdadera competencia democrática, permitiendo a cualquier ciudadano desafiar el monopolio partidista.
Cuando mande la gente, y no los partidos, ella va a preferir que los billones de pesos destinados al llamado “gasto social” sean entregados directamente a los pobres, en lugar de que lo capture una burocracia, dentro de la cual ese gasto se diluye, en buena parte, en el pago de oficinas de lujo, automóviles con chofer, viajes al exterior, asesorías innecesarias, publicidad ostentosa, compras exageradas, contratación de parientes y correligionarios e informes caros y superfluos, encargados a caciques influyentes de cada partido de gobierno para mejorarles las rentas.
Si el “gasto social” lo recibieran directamente los pobres, no habría pobres. Esto es muy fácil de probar.
Lo mismo en el caso de la educación. Si prevaleciera la voluntad de la gente, los billones de pesos que van a un ministerio burocrático para financiar la educación pública irían directamente a los padres, mediante “vales educacionales”, dejándolos en condiciones de pagar una buena enseñanza particular a cada hijo, en el colegio o institución que elijan.
Y en la salud, la gente preferiría recibir directamente “vales de atención de salud” financiados con los fondos públicos destinados a ésta, en lugar de que sigan siendo, como hoy, capturados por una burocracia insaciable, politizada e indisciplinada. Esos fondos permitirían a cualquier persona modesta adquirir un seguro de salud como el que hoy tienen sólo los grupos de altos ingresos, y atenderse donde prefiera.
Si mandara la gente, los delincuentes dejarían de seguir impunes, como han ido quedando bajo el dominio del partidismo, y se les aplicaría mano dura.
Y el sentido común de la gente reconocerá que deben volver a fortalecerse la familia y el matrimonio, que están en vías de desaparecer.
En fin, ante la amenaza del separatismo indígena deben hacerse efectivos los preceptos constitucionales según los cuales “el Estado chileno es unitario” y acá “no hay raza ni grupo privilegiados”.
Esos son algunos de los verdaderos cambios que Chile necesita. Junto con otros, contenidos en el Programa de Gobierno que se presenta a continuación, harían a nuestra Patria más libre, más próspera, más unida y más democrática.

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