II
RECONSTITUCIÓN SOCIAL Y NACIONAL
Fortalecimiento de la familia
Como dice la Constitución, “la familia es el núcleo fundamental de la sociedad”. Familia es el conjunto de personas unidas por el parentesco y nacidas del matrimonio estable de un hombre con una mujer.
En el hogar así constituido se forjan hábitos y valores que sirven para educar bien a los hijos y habilitarlos, a su vez, para fundar nuevas familias, capaces de transmitir esos hábitos y valores. Así se van consolidando las mejores tradiciones de una nación.
En el Chile de las últimas décadas se ha registrado un proceso de deterioro y extinción de la familia sólidamente constituida. Cifras recientes indican que el 65 por ciento de los chilenos, cada año, nace fuera del matrimonio, es decir, carece de un hogar bien conformado. Hace tres décadas esa cifra no pasaba del 16 por ciento.
La progresiva extinción del hogar acogedor y sólido va en perjuicio de la formación de los niños, que quedan entregados muchas veces al libertinaje callejero, a la falta de buenos ejemplos y al riesgo de caer en la drogadicción, la delincuencia y las conductas disolventes o inmorales.
Es preciso, por ello, fortalecer la familia sólida y basada en hábitos y valores transmitidos por generaciones.
Cada vez más chilenos deben nacer en el seno de un hogar consolidado.
Cómo se fortalece el matrimonio
Para fortalecer el matrimonio deberían consagrarse incentivos de diversa índole, pero, en particular, económicos y tributarios, que premien a los hombres y mujeres unidos en matrimonios duraderos y en cuyo seno nazcan hijos sometidos a la potestad paterna y materna.
Esas uniones, las más deseables socialmente, son las verdaderas forjadoras del carácter, la moral, las buenas costumbres y el amor a la Patria en las nuevas generaciones.
Otras uniones, diferentes del matrimonio, son libres de acordarse entre las personas, pero no deben gozar ni de respaldo legal ni menos de incentivo alguno, porque no contribuyen a fortalecer la célula madre de la sociedad, que es el matrimonio entre un hombre y una mujer unidos en un hogar estable.
El matrimonio normal y estable debe ser estimulado y protegido.
Fortalecimiento de la nacionalidad
La Constitución dice que en Chile las personas nacen libres e iguales ante la ley, que el Estado de Chile es unitario y que en nuestro territorio no hay persona ni grupo privilegiados. Estas normas se encontraban también en anteriores Constituciones chilenas.
Sin embargo, desde hace décadas y, en particular, en las dos últimas, se han ido dictando disposiciones legales y se ha adherido a tratados que contradicen los principios básicos de igualdad ante la ley y unidad nacional, hasta llegarse a establecer diferenciaciones étnicas lindantes con el racismo y normativas que discriminan a las personas de acuerdo con su origen.
De esta manera, se ha ido creando artificialmente lo que hoy se conoce como “el conflicto mapuche”, que no tiene razón de existir, porque todos los chilenos somos iguales, cualquiera sea nuestro origen étnico. Este conflicto artificial está impidiendo que en nuestro territorio convivan pacíficamente personas de las más diferentes razas, que se hallan hoy fundidas en una sola Patria.
Es preciso eliminar todas las disposiciones, ya sea que limiten la aptitud de las personas para disponer de sus bienes por una consideración racial, ya sea que les otorguen privilegios en razón de la misma.
Si no hubieran existido normativas que limitaron la capacidad de ciertas etnias para disponer libremente de sus tierras, no se habría mantenido confinados obligatoriamente a éstas, a contingentes de habitantes que, de otro modo, habrían vendido sus propiedades y emigrado a otras partes del país, fundiéndose con el resto de los chilenos y dejando, hace mucho tiempo, de ser un grupo segregado.
La propia ley fue la que indujo a que hubiera segregación, al convertir a muchos habitantes en verdaderos “siervos de la gleba” por su imposibilidad de enajenar las tierras de su dominio, como lo puede hacer cualquier otro chileno.
La pobreza se combate dentro de la unidad nacional
Si hay chilenos en situación de carencia, cualquiera sea su etnia, ellos deben tener derecho a los auxilios que el Estado les puede brindar, en las mismas condiciones que a cualquier otro chileno.
Veremos que los recursos públicos permiten asignar a todo chileno un ingreso mínimo que lo sitúe por sobre la línea de la pobreza. Y que también hay recursos suficientes para darle a todo chileno acceso, ejerciendo su derecho a una libre elección, a la educación de sus hijos y a la salud y la vivienda de la familia.
Los ingentes recursos destinados por recientes leyes a etnias indígenas, frecuentemente despilfarrados o malversados, deben pasar a estar a disposición de cualquier chileno o chilena, por el solo hecho de que viva en condición de pobreza, y sea o no él o ella perteneciente a etnias de las calificadas como indígenas.
Fin al terrorismo, por la razón o la fuerza
El Estado chileno debe proceder con la mayor energía a suprimir los focos revolucionarios que se han ido generando a raíz de las referidas leyes discriminatorias, las denominaciones separadas dadas a algunos chilenos según su raza y la injerencia internacional de grupos que, en todo el mundo, propician la revolución y el separatismo.
Debe destinarse una fuerza policial suficiente para erradicar con mano dura y de una manera completa y definitiva la violencia en las zonas indebida y artificialmente agitadas por los efectos de leyes erróneas e injerencias foráneas.
Debe hacerse prevalecer firmemente, en las regiones hoy afectadas por el terrorismo racista, nuestro estado de derecho.
Cuando realmente se hagan valer, por la razón o la fuerza, la igualdad ante la ley, la unidad nacional y la realidad de que no hay persona ni grupo privilegiados en Chile, se restablecerán la paz, la tranquilidad y la prosperidad de las zonas de nuestro territorio hoy convulsionadas y empobrecidas por la violencia.
Y debe suprimirse todo ente burocrático creado bajo el concepto de discriminación étnica. Con ello desaparecerán el derroche y las irregularidades a que han dado lugar las políticas indígenas.
viernes, 24 de julio de 2009
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Don Hermógenes
ResponderEliminarSi bien difiero en muchos de sus puntos, hay otros que los encuentro acertados y certeros.
Ideológicamente creo que tenemos brechas importantes y fundamentales, pero hay una cosa que rescato en usted y eso es la consecuencia y ante ello, no puedo mas que sacarme el sombrero (si usara, claro está) ante Ud.
Es extraño, pero del grupo de personas que puedo considerar afines a mis ideas o del grupo de "opositores" a tales, creo que con niguno me ha sugrido la curiosidad y la motivación de conversar y conocerlos como con Ud.
Si existe la forma de poder intercambiar algunas ideas ya sea en persona (soy de Santiago, trabajo de lunes a viernes como cualquier mortal y termino mortalemtne cansado como cualquier trabajador)o de manera virtual, en realidad lo agradecería.
Por el momento dejo este comentario y correo de manera de tratar de entablar un contacto (al menos epistolar)
mi correo: vxvr.nano@gmail.com mi nombre: Hernan.
Gracias por la atención.