IV
LIBERTAD PARA TRABAJAR
Debe hacerse efectiva la libertad de trabajo
La Constitución asegura a todos los habitantes la libertad de trabajo. Sin embargo, la legislación ha hecho tabla rasa de esa libertad, pues los chilenos pobres no pueden contratar libremente su trabajo con otra persona. Las normas que los han privado de esa libertad tienen, además, carácter irrenunciable, es decir, nadie puede liberarse de ellas, pese a ser contrarias a la voluntad personal y perjudicar a los más pobres.
Debe restablecerse la libertad de trabajo. Cualquier persona debe poder renunciar a las regulaciones que las normas laborales imponen. Cualquier persona debe ser libre de realizar un trabajo lícito en las condiciones que libremente pacte con otra.
Las normas que han privado a tantos chilenos de su capacidad de decisión personal han sido dictadas en nombre de una mayor igualdad, pero se han traducido en todo lo contrario, en un factor de desigualdad. Pues mientras los grupos de mayor ingreso, educación y calificación laboral gozan de pleno empleo (sus tasas de desocupación son de dos por ciento, es decir, la tercera parte o menos que las del promedio de la población), los grupos de menores ingresos, como los jóvenes con escasa educación, provenientes de hogares pobres de poblaciones marginales o campamentos, calificados de “indigentes”, sufren tasas de desempleo de 40,2 por ciento (CASEN 2006).
La legislación laboral demagógica de los últimos diecinueve años ha perjudicado a los más pobres y lo sigue haciendo cada vez más. En la encuesta CASEN 2003 la tasa de ocupados en los hogares más pobres era de 0,75 (es decir, menos de un ocupado por hogar), en tanto que en la encuesta CASEN 2006 ha bajado a 0,70, es decir, hay todavía menos ocupados por hogar que tres años antes, entre los más pobres.
La demagogia hace a los pobres todavía más pobres y acentúa la desigualdad económica. Con libertad de trabajo, el desempleo de los necesitados podría bajar hasta ser igual al de los más ricos: 2 por ciento, prácticamente pleno empleo.
Protección social
La protección social no debe cumplirse privando a los pobres de su libertad de trabajo, sino distribuyendo directamente entre ellos el Gasto Social, lo que por sí solo los sacaría de la pobreza, como antes se vio.
Si hubiera libertad de trabajo, las personas más pobres encontrarían empleo y serían menos pobres.
Al tener cada uno ocupación, desaparecería la pobreza extrema y disminuirían la delincuencia y la droga, pues estas dos últimas proliferan no sólo debido a la disolución de la familia, sino porque la juventud pobre no encuentra empleo.
En fin, habría una gran mejoría en la asignación de los recursos de la economía, porque más factores productivos estarían trabajando en sus usos más eficientes, determinados a partir de mercados más libres.
“Los pobres no pueden esperar”. Por tanto, desde ahora mismo hay que darles el derecho a trabajar.
Libre exploración y explotación energética
Otro aspecto de la falta de libertad de trabajo, y que tiene un enorme costo para el bienestar social, es el monopolio estatal para explorar y explotar algunas fuentes de energía. Debe consagrarse la más amplia libertad para la exploración y explotación de todas ellas.
En particular, y como consecuencia de la privatización de ENAP, deberá quedar consagrada la total libertad para explorar yacimientos de petróleo y gas natural en todo el territorio y la zona marítima de Chile. Una vez descubiertos, se podrán explotar sin otro requisito que la autorización de la Superintendencia de Energía, que deberá otorgarla o denegarla fundadamente.
Operará el silencio administrativo aprobatorio si, transcurrido un plazo prudencial, no ha habido un pronunciamiento de esa autoridad.
Las posibilidades de producción de energía de las más diversas fuentes, incluyendo la de origen nuclear, deben estar abiertas para toda persona natural o jurídica.
viernes, 24 de julio de 2009
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