V
LIBERTAD PARA EDUCARSE Y EDUCAR
Educación particular pagada para todos
Los chilenos más pobres tienen menos oportunidades de trabajo no sólo debido a la legislación que los ha privado de su libertad laboral, sino también porque carecen de buena educación. Y, de hecho, la educación que recibe la mayoría de ellos es la estatal, hoy a cargo de las municipalidades, que, según todas las mediciones, es la peor.
En cambio, los chilenos más ricos tienen amplias oportunidades de trabajo porque reciben la mejor educación, la particular pagada.
Luego, es preciso que los chilenos pobres tengan derecho a la educación particular pagada.
Los recursos públicos para financiarla y proporcionársela existen.
Como la educación de los hijos debe ser una tarea entregada a la decisión de sus padres, no del Estado, lo primero que debe hacerse es suprimir ese enorme monstruo burocrático que es el Ministerio de Educación. Cada funcionario allí tiene un contrato y se debe poner término a ese contrato. Todos los que pierdan allí su trabajo encontrarán ocupación en la nueva educación privada, diversificada y competitiva, en sus colegios, escuelas y universidades.
El Estado, que hoy es el que enseña peor, no debe tener injerencia en la educación, porque es un ente ajeno al hogar y a los valores y características de éste. Las familias son las llamadas a elegir el establecimiento en que se van a educar sus hijos. Y para que puedan elegir uno que los satisfaga, existirá una oferta amplia y pluralista de establecimientos educacionales, partiendo de la plena libertad para crearlos y manejarlos.
Por tanto, todo particular debe tener derecho a fundar un establecimiento educacional.
Pero el Estado tiene una misión: la de garantizar a los padres de familia, cuando carezcan de recursos, la posibilidad de financiar una buena educación, elegida por ellos, para sus hijos.
El Estado hoy dilapida ingentes cantidades de dinero, casi tres billones de pesos (cada billón es un millón de millones) en educación, pero proporciona la de peor calidad, en comparación con la particular (gratuita subvencionada o pagada).
Si la enorme cantidad de dinero que el Estado cada año gasta a través del Ministerio de Educación, fuera entregada directamente a los padres de menores pobres, esas familias podrían recibir, por cada hijo, hasta cuatro veces más que el monto de la subvención actual a la educación particular gratuita, que, pese a su exigüidad, le permite a ella educar mejor que la pública municipalizada.
Eso sería suficiente para que toda familia, por pobre que fuera, pudiera enviar a cada hijo a un buen colegio particular pagado.
Todos deben poder ir a un colegio de ese nivel. Con los mismos recursos de que actualmente dispone el Estado, cada hogar chileno pobre debería recibir un “vale educacional” con el cual financiar la enseñanza de cada hijo en el colegio de su elección, y obtener mucho mejor educación para éste.
Escuelas y liceos fiscales deben licitarse
Al dejar el Estado su papel de educador, en el cual ha fracasado y derrochado, deberían licitarse todos los colegios municipalizados de la enseñanza estatal gratuita.
Los recursos obtenidos de esa licitación deberían ir a capitalizar el fondo para “vales educacionales” de las familias pobres. La liquidación del monstruo burocrático inútil y obsoleto llamado Ministerio de Educación debería aportar recursos adicionales al citado fondo.
Los adquirentes de los colegios licitados deberían tener la más amplia libertad para administrarlos, contratar profesores y fijar sus programas de enseñanza.
Todo el profesorado que hoy está organizado en un sindicalismo politizado, estimulado por la necesidad de enfrentar su empleador único, monopsonista, el Estado, encontraría trabajo en los miles de establecimientos de la nueva educación privada libre.
Desaparecido el monopsonio estatal, se terminarían la politización y el clientelismo político a que hoy está sometido el magisterio.
Cada profesor negociaría personal y libremente con su empleador. Se terminarían las perniciosas “huelgas del magisterio”.
La nueva educación particular pagada de los pobres no tendría por qué tener menores resultados que la educación particular pagada de los no-pobres, que, a su turno, son hoy los mejores del país y comparables a los de naciones desarrolladas.
“La revista inglesa The Economist ha destacado, en un número reciente, la notoria mejoría que se ha producido en Estados Unidos en las escuelas que han adoptado la libertad de los contenidos y la evaluación de los profesores y escuelas” (Javier Fuenzalida, “Estrategia”)..
La libertad para fundar colegios, la libertad de programas, la libertad de contratación de profesores y la libertad de elegir de los padres de familia, dotados de un “vale educacional” suficiente para cada hijo en edad de aprender, forjarían un sistema de enseñanza propio de una sociedad libre, que daría por resultado una población mejor preparada y, por consiguiente, un salto en la productividad de la economía chilena, en sus tasas de crecimiento y en el nivel de bienestar de su población.
Universidades para todos
El Estado tampoco tiene por qué ser dueño de universidades. Las que tiene se han transformado en un “hoyo negro” por el cual se filtran y desaparecen ingentes recursos fiscales. Ellas deben licitarse. Además, debe restablecerse en el hecho la plena libertad para fundarlas.
Todos los recursos estatales actualmente destinados a financiar universidades o estudios universitarios deberán refundirse en el “vale educacional” para las familias con hijos universitarios.
Pues, desaparecida la dictadura estatal de los programas escolares de estudio, instituida a través de los “contenidos mínimos” obligatorios (que no son mínimos, sino máximos) desaparecerá el monopolio estatal de la PSU, la mayor barrera contra la libertad de enseñanza, pues ella se basa en aquellos “contenidos mínimos”, y sin puntaje PSU no hay derecho a financiamiento universitario estatal.
Esto es lo que obliga hoy a todos los colegios a ceñirse a los programas estatales que, por añadidura, son generalmente disparatados.
Naturalmente, los “vales educacionales” para los distintos niveles de enseñanza son parte del Gasto Social que en el capítulo III se propone entregar directamente a los pobres.
Artes, cultura y deportes
Las artes, la cultura y los deportes tampoco tienen por qué estar en manos estatales, porque son actividades nacidas de la creación de particulares.
La proliferación de entes públicos para intervenir en ellas se ha prestado a toda suerte de corruptelas y escándalos. La oligarquía partidista los ha utilizado como hijuelas pagadoras de servicios electorales, “cuoteándolos” entre personas de su misma identidad política.
Por consiguiente, deben ser disueltas las señaladas entidades estatales, que gozan de millonarias asignaciones presupuestarias sin una justificación social apropiada y acreditada por una evaluación del respectivo proyecto.
Algunas de esas entidades han ocupado titulares a raíz de la extensión y magnitud de los desfalcos cometidos dentro de ellas.
Cuando se juzgue socialmente necesario y rentable hacer aportes para las artes, la cultura y los deportes, deberá llamarse a licitación abierta y pública a entes privados para que compitan por administrar y asignar a los mejores artistas, literatos, músicos o deportistas los subsidios que la comunidad juzgue necesarios para estimular su dedicación.
En las bases de las respectivas licitaciones se detallarán las metas o condiciones que deberán cumplir.
Los premios, estímulos y subsidios serán entregados directamente por la Tesorería General de la República a los señalados como mejores en el concurso abierto.
Fondos adicionales para arte, cultura y deporte
La enajenación en pública subasta, nacional e internacional, de estadios, teatros y establecimientos estatales de arte, cultura y deporte contemplará las condiciones que deberán cumplir quienes se los adjudiquen, para el efecto de administrarlos.
Los fondos provenientes de esas licitaciones irán a engrosar los estímulos que se entreguen, en públicos concursos o por el cumplimiento de metas, a los artistas, intelectuales y deportistas que merezcan ser premiados.
Asimismo, establecimientos estatales que pertenecen al patrimonio cultural del país y que son utilizados por la oligarquía partidista para su propio esparcimiento, como es el caso del Palacio de Cerro Castillo, en Viña del Mar, serán también licitados nacional e internacionalmente, con las cláusulas necesarias para garantizar su mantenimiento y su ocasional uso oficial, cuando sea preciso atender a visitantes extranjeros distinguidos o celebrar acontecimientos de carácter público.